Cuando miro a Rosalia, lo primero que me llega es que actualmente, a día de hoy, parece que ha desarrollado de forma extrema su parte más espiritual o sensorial. Como si tuviera acceso a conectar con otras dimensiones, incluso con la 5ª dimensión.
Sí. Si lo estás leyendo y te estás sorprendiendo, a mí también. Para nada me imaginaba que iba a ver esto en ella. Eso podría explicar sus últimas declaraciones y su último álbum LUX, con un aura divina, cristiana y con unas ideas totalmente explosivas de sonidos, melodías y escenografías, realmente fuera de lo normativo.
Veo a una mujer que actualmente está en un momento delicado emocionalmente, ser Rosalia tiene sus consecuencias negativas sobre la identidad de quién eres. Es una presión estar siempre en el punto de mira, observada, y, sobre todo, que cada vez que aparezca se supere un poco más. Es como que Rosalia tiene el deber de darnos una dosis de esa droga que ella sabe darnos. Me recuerda a Madonna, ella siempre reinventándose y ofreciendo novedades a nuestras vidas.
Rosalia, batalla entre una línea fina entre la fortaleza, la poderosa y creativa mujer que llama la atención allá donde va, y la que se esconde, se queda en su cama metida con un pijama blanco, sin saber muy bien quién es y si realmente alguien la ama de verdad. Si conocéis a artistas, esto es muy habitual.
Veo su naturaleza, y ella es fuerte, decidida, enfocada, curranta, y le encanta y sabe dirigir. Cuando está centrada, puede crear piezas audiovisuales inimaginables. Es alguien que ha venido a cambiar el mundo, a dejar su marca, a hacernos la vida más bonita y a enseñarnos que quien puede, quiere, y puede lograrlo. Porque quien quiere puede, a veces, no va así para ella.
Ella es de confiar, y si estás con ella, te será fiel. Cuando le sobres, lo sabrás.
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